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Blog sobre educación física, deporte, ejercicio físico, actividad física, salud,...
Vacaciones Santillana
Es alentador comprobar, para un docente, el altísimo grado de implicación que la sociedad y el Estado españoles están demostrando en las últimas semanas en materia de educación. Qué orgullo al abrir los periódicos y encontrar todo el debate reducido a la lucha Religión/Educación para la Ciudanía, o lo que es lo mismo, como siempre en estas tierras, Partido Popular/Partido Socialista (o estás con nosotros o estás contra nosotros), o encontrarlo también centrado en el largo periodo vacacional de los profesores y los alumnos. Sí señor. Cuestiones de primer orden. Eso es lanzarse a la piscina, nunca mejor dicho, y empaparse hasta las cejas.
Qué rabia me daba de pequeño ir al colegio. No era yo como estos niños postmodernos de hoy en día que se aburren en sus casas y están locos por ver a sus amiguitos en el recreo. No. Yo, en caso de verlos, prefería hacerlo en el parque, en el Club o en la playa. Al aire libre, en grandes espacios, corriendo, saltando y sin muros ni verjas ni señores mayores que te contaban lo mismo que podías leer en esos libros, salvo contadas excepciones que lograban captar tu atención y llevarte de aquí para allá en un viaje fascinante. Cuando llegaba el mes de junio, ya tenía esa cosilla en mi estómago cada vez que veía el cielo azul o sentía esa luz melillense tostadita en el cogote al pasear por la Avenida. Olía a verano, a paz, a felicidad. En los escaparates, esos cuadernillos espantosos de Santillana para repasar y divertirse (por Dios) en julio y agosto. A mis hermanas y a mí no nos hacían falta, que ya estaban nuestro padres poniéndonos todos los días cuentas y copias, para que no se nos secara, a pesar de los chapuzones, la mollera.
El pasado día cinco de febrero el diario El País publicaba un artículo titulado Demasiadas vacaciones en donde se criticaba no sólo las de los profesores, sino también el poco número de días lectivos de los estudiantes. Algunos proponían ahí alargar el final del curso, otros adelantar su comienzo y, como telón de fondo, el problema que tienen los padres actualmente para conciliar su vida laboral con la familia, al parecer responsabilidad de los centros y no de sus empresas, esto es, qué diantres hago con la niña-molestia cuando le den las vacaciones. ¿A dónde la mando? Y leía yo estas argumentaciones mientras hacía la cola en el Ayuntamiento para recoger un certificado. De cuatro mostradores, sólo funcionaba uno. Hay que ver lo que tardan en servir los desayunos en las cafeterías.
Las vacaciones de nuestros jóvenes son distintas a la de los chicos y chicas de otros países, algo evidente porque aquí no se puede tener a treinta estudiantes metidos en un aula sin cortinas y sin aire acondicionado a finales de junio. El calor es insoportable. Comparar esta situación con la finlandesa o la sueca es poco provechoso. Pero es que a principios de septiembre la temperatura, al menos en el sur de España, es igual, agobiante. Los que piden adelantar el comienzo al día uno del mismo mes olvidan también que en esas fechas están los exámenes de recuperación y que las plantillas de profesionales están incompletas. Lo que escuece de todo este asunto es que el debate haya saltado nuevamente a los medios por motivos que nada tienen que ver con la enseñanza. Las familias quieren tener los centros más tiempo abiertos para tener allí aparcaditos y cuidaditos a sus criaturas (que, curiosamente, son suyas. Algunos lo olvidan). Y digo aparcados porque da igual que aprendan más o menos (casi nadie trae la tarea hecha), que no haya ordenadores, que haya saturación, que las ratios sean elevadísimas, que falten recursos de todo tipo. Lo que importa, lamentablemente, es que estén allí vigilados porque así no estarán fuera, solos, de ahí la propuesta de varias CCAA de tener los colegios e institutos abiertos por las tardes, o casi de madrugada. La docencia tiene una función fundamental y valiosísima, si se deja ejercerla: la de enseñar. Todo lo que se salga de ese marco no es tarea de los docentes.
Tal y como se están poniendo las cosas, un alumno puede llegar a su colegio a las siete de la mañana, en régimen de acogida temprana, recibir sus seis horas de clase, comer a las dos y media y realizar las actividades extraescolares hasta las seis de la tarde, supuestamente controlados por personal distinto al de los profesores, nos dicen los expertos. Esto huele a podrido. Todos estos pedagogos, presidentes de no sé qué, coordinadores de no sé cuánto que, o están liberados o no han dado clase en su vida, ¿no tienen nada que decir sobre el hecho de tener a un chico encerrado diariamente casi doce horas en un centro? La solución a los problemas sociales no la tiene en exclusividad la escuela. ¿El Estado no va a hacer nada para que los empresarios flexibilicen los horarios y turnos de sus trabajadores, para que puedan disfrutar de sus hijos? Ya está bien de echar sobre la enseñanza todas las responsabilidades sociales. A este paso, en cinco años, estaremos presentes en los partos para registrar la llegada de un nuevo alumno y evitar el fracaso neonato y el absentismo en las incubadoras.
Fuente: Blog "Periódico en el café". Por José María García Linares (11/02/2009)
Durante la jornada sobre «Nutrición y Salud» los expertos alertan de la pérdida del patrón de dieta mediterránea, mientras que en el norte de Europa, donde se desconocía, se han aferrado a sus bondades.
Si de algo puede presumir España en materia de alimentación es de la dieta mediterránea. Gracias a las materias primas que la conforman se puede elaborar en poco tiempo y los expertos no dudan en calificarla como la mejor. Sus productos garantizan que reduce el riesgo de padecer dolencias cardiovasculares e, incluso, el cáncer. Aunque cumple a la perfección la pirámide alimentaria y es factor clave para tener una vida larga y sana, en los últimos años nos hemos olvidado de sus bondades y hemos orientado nuestra dieta hacia alimentos más calóricos y muy poco saludables.
El profesor Gregorio Varela, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo, y presidente de la Sociedad Española de Nutrición y de la Fundación Española de Nutrición afirmó durante la jornada sobre «Nutrición y Salud», organizada conjuntamente por la Fundación de Ciencias de la Salud, el Instituto Tomás Pascual para la Nutrición, CIC bioGUNE y el British Council, que «los hábitos alimentarios de los españoles han sido los que más rápida y profundamente han cambiado en Europa y, en general, la tendencia no ha sido positiva».
Cambio radical
El problema, para el profesor Varela, radica en que «hemos perdido aceleradamente el patrón de dieta mediterránea tradicional, mientras que los países del norte de Europa, que lo desconocían, se han abrazado a él». Esta situación «está provocando que enfermedades como la obesidad empiecen a ser un problema de calado entre la población adulta e infantil», añade. En concreto, Varela califica de «preocupante» el estado nutricional de los mayores, que «precisamente los que tienen el mayor riesgo de sufrir desnutrición». Este grupo de población es el que más crece, especialmente entre los mayores de 80 años. Por ello, «es la auténtica revolución pendiente», añade. Con respecto al cáncer, el experto cree que «no ha tenido la suerte de otras patologías, como las enfermedades cardiovasculares o la diabetes, prestándole una atención muy escasa en relación con la alimentación».
Por su parte, la profesora Lina Badimón, directora del Centro de Investigación Cardiovascular, destacó que «se está demostrando que la dieta es un hábito de vida altamente relacionado con la fisiología y la patología humana». Por ello, «es importante adoptar hábitos de vida saludables, que deberían adquirirse durante la infancia para evitar que cambien en la edad adulta», añade. Mientras tanto, «se debe reeducar a la población española para que incluya en su dieta los alimentos típicos de la dieta mediterránea como vegetales, legumbres, fibra, aceite de oliva y más pescado en detrimento de la carne, sin olvidar asociar un vaso de vino a las comidas». El consumo de grasas saturadas debe ser lo más bajo posible, «Hay que conseguir tener unos niveles bajos en sangre de triglicéridos y colesterol “malo” o LDL, dos factores asociados al desarrollo de patologías cardiovasculares», apunta Badimón.
Nutrir al hígado
Por otro lado, recientes estudios científicos apuntan la influencia de una dieta equilibrada en la regeneración de las células hepáticas. Para el profesor José María Mato, director general de CIC bioGune y patrono de la Fundación de Ciencias de la Salud, «la nutrición es muy importante para evitar patologías hepáticas tales como la enfermedad del hígado graso no-alcohólico, la más frecuente de todas». La enfermedad del hígado graso no-alcohólico afecta al 30 por ciento de la población adulta en EE UU y a la UE, lo que equivale a 200 millones de personas.
Después de entrenar o de practicar ejercicio físico es importante estirar para que la musculatura se relaje y evite sobrecargas debidas al esfuerzo. En este vídeo puedes ver unos estiramientos que puedes practicar a la vez que escuchas una música tranquila.
Por cierto el vídeo te avisa cada 30 segundos del cambio de ejercicio.
Espero que os sea útil.